martes, 14 de diciembre de 2004
<.flashback.>
-Mi querida Feng, ¿Crees en el destino?-
Sus suaves manos jugaban con la seda del pliegue de sus ropas. Su cabeza descansaba en mi regazo. Las puntas de su largo cabello estaban extendidas a tal punto, que algunas se mojaban con las aguas del pequeño lago que se encontraba frente a nosotros.
Tenía la fortuna de tener una bella residencia, con mi propio lago personal.
El atardecer, un atardecer que solo se puede observar desde el suelo de la bella China, se levantaba frente a nosotros, mientras que el suave rumor de la brisa, se colaba en nuestros oídos.
Todo era perfecto.
Sus ojos, ametistas, -- hermoso color -- volvieron hacia mí, incluso creí enojados por haber roto aquel silencio tan perfecto.
-¿Por qué tanta filosofía, Clow?-
Sonreí, nunca pensé que eludiría de tal manera mi bienintencionada pregunta.
-No me has contestado, mi Feng Ling.-
-No me apetece contestar tal cosa.-
-Mi querida...- Una de mis manos se cruza con la suya. La siento intranquila.
-No me digas, no quiero saberlo.-
-Tienes que, mi Feng. Pero aunque no quieras, tendras que esperarme.-
-No tienes porque decirlo. Sé que irás a Inglaterra en un mes. No tienes porque venir a decirmelo ahora.-
Ella se levanto rapidamente y caminó hasta el final de el jardín, gritando algo a alguna de sus criadas. Solo reí, ante el hecho de que ella probablemente no supiera de qué hablabla, pero bien, no era necesario que ella lo entendiera. Algunas veces con solo escuchar las cosas una vez, aunque sea sin entender, bastaba. Ella lo entenderia. Pronto.
--
-A los suburbios, por favor.- El taxista me devolvió una mirada de extrañeza por el retrovisor. De seguro no mucha gente le pedía ir tan lejos del centro, despues de todo.
-Am, eh, Eriol, ¿Sakura sabe que iremos?- Nakuru tomó nerviosamente mi mano y separó dos de mis dedos. Le sonreí.
-Nakuru-chan, disfruta el viaje. Lo tengo bajo control.-Ella recostó su cabeza en mi hombro. Despues de todo, estabamos en casa.
-Mi querida Feng, ¿Crees en el destino?-
Sus suaves manos jugaban con la seda del pliegue de sus ropas. Su cabeza descansaba en mi regazo. Las puntas de su largo cabello estaban extendidas a tal punto, que algunas se mojaban con las aguas del pequeño lago que se encontraba frente a nosotros.
Tenía la fortuna de tener una bella residencia, con mi propio lago personal.
El atardecer, un atardecer que solo se puede observar desde el suelo de la bella China, se levantaba frente a nosotros, mientras que el suave rumor de la brisa, se colaba en nuestros oídos.
Todo era perfecto.
Sus ojos, ametistas, -- hermoso color -- volvieron hacia mí, incluso creí enojados por haber roto aquel silencio tan perfecto.
-¿Por qué tanta filosofía, Clow?-
Sonreí, nunca pensé que eludiría de tal manera mi bienintencionada pregunta.
-No me has contestado, mi Feng Ling.-
-No me apetece contestar tal cosa.-
-Mi querida...- Una de mis manos se cruza con la suya. La siento intranquila.
-No me digas, no quiero saberlo.-
-Tienes que, mi Feng. Pero aunque no quieras, tendras que esperarme.-
-No tienes porque decirlo. Sé que irás a Inglaterra en un mes. No tienes porque venir a decirmelo ahora.-
Ella se levanto rapidamente y caminó hasta el final de el jardín, gritando algo a alguna de sus criadas. Solo reí, ante el hecho de que ella probablemente no supiera de qué hablabla, pero bien, no era necesario que ella lo entendiera. Algunas veces con solo escuchar las cosas una vez, aunque sea sin entender, bastaba. Ella lo entenderia. Pronto.
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-A los suburbios, por favor.- El taxista me devolvió una mirada de extrañeza por el retrovisor. De seguro no mucha gente le pedía ir tan lejos del centro, despues de todo.
-Am, eh, Eriol, ¿Sakura sabe que iremos?- Nakuru tomó nerviosamente mi mano y separó dos de mis dedos. Le sonreí.
-Nakuru-chan, disfruta el viaje. Lo tengo bajo control.-Ella recostó su cabeza en mi hombro. Despues de todo, estabamos en casa.
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